El trabajo final de la asignatura de Nuevas Tecnologías y Gestión de la Información ha consistido en la creación de un vídeo dónde se plasma las habilidades adquiridas a lo largo de la asignatura.
Para poder realizar el vídeo, hemos tenido que realizar un trabajo previo; como una fundamentación teórica, una tabla que organice las ideas y un storyboard.
La temática elegida para este trabajo ha sido "La adicción a las nuevas tecnologías". Nos parecía un tema interesante, ya que la tecnología es algo que está presente en nuestro día a día, pero no nos damos cuenta de que si le damos un mal uso puede llegar a crear adicción.
Espero que a vosotros también os parezca un tema interesante y lo disfrutéis igual que lo hemos disfrutado nosotros haciéndolo.
Para poder realizar el vídeo, hemos tenido que realizar un trabajo previo; como una fundamentación teórica, una tabla que organice las ideas y un storyboard.
La temática elegida para este trabajo ha sido "La adicción a las nuevas tecnologías". Nos parecía un tema interesante, ya que la tecnología es algo que está presente en nuestro día a día, pero no nos damos cuenta de que si le damos un mal uso puede llegar a crear adicción.
Espero que a vosotros también os parezca un tema interesante y lo disfrutéis igual que lo hemos disfrutado nosotros haciéndolo.
VÍDEO:
STORYBOARD:
-Escena del suicidio por adicción a un juego on-line.
- Noticias
- Escena de obsesión por las nuevas tecnologías:
- Hospital por muchas horas delante del ordenador en Internet.
- Escena de la entrevista con el adicto
- Imagen con texto:
- Chica apaga el móvil y ayuda a una anciana. RAMÓN
- Niño mata a sus padres por quitarle el móvil.
- Padre deja la tablet y se pone a jugar con su hija.
-Chico apaga el móvil y sale a protestar. Conciencia social
FUNDAMENTACIÓN TEÓRICA:
ADICCIÓN A LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS
En los parques ya no
hay niños, Internet los atrapó en sus redes
Nach Scratch, del álbum
“Poesía difusa”, 2003
La frase que el rapero Nach expresó en su tema “Chico
Problemático” tiene ya la friolera de diez años. Puede que en 2014 la hubiera
escrito de otra manera, pero, en esencia, la metáfora sigue estando de
actualidad. Tal vez, hasta recrudecida. De hecho, lo de menos es que, móviles
mediante (que en 2003 apenas tenían acceso a Internet), los chicos y chicas
tengan la posibilidad de acudir a los parques sin perderse la última
actualización de su Twitter; la cuestión es que apenas miren a los ojos a
quienes tienen a su lado (si es tienen a alguien), o que, de la adicción a las
nuevas tecnologías en general, luego encuentren serios problemas de adaptarse a
la vida real.
Hablamos de chavales, pero también de no tan chavales e
incluso de personas de cierta edad. Hablamos de móviles, Internet, redes
sociales… pero también de identidades comprometidas, sexting, apuestas,
adicción a los videojuegos, obsolescencias percibidas, ciberacoso y todo tipo
de dependencias relacionadas con las nuevas tecnologías.
No se trata de encarnar a los apocalípticos de Umberto Eco
ni de demonizar a las nuevas tecnologías: bien empleadas, han supuesto y
suponen un mundo de conocimiento compartido tan revolucionario como el que se
creó tras la imprenta del Renacimiento. Los problemas no surgen pues de las
tecnologías en sí mismas, sino de un mal uso de las mismas y de un estado de
carencia previa. Por ejemplo, a nadie se le ocurriría prohibir los cuchillos de
cocina como potenciales armas blancas, pero desde luego, la sociedad tiene ya
bien asumido cuál debe ser un uso responsable de los mismos. Sin embargo, los
mismos padres que alejan los cuchillos de los más pequeños de la casa son los
mismos que luego les compran un móvil inteligente…
El tema es muy complejo. Abordémoslo con cierto
detenimiento.
FACTORES DE RIESGO
La adicción a las nuevas tecnologías es un problema que
actualmente afecta a un reducido número de personas, pero que desgraciadamente,
va en aumento. Entre los grupos más vulnerables destacan los adolescentes y
jóvenes debido a su familiaridad con los avances tecnológicos y la tendencia al
uso de las redes sociales (Sánchez-Carbonell, Beranuy, Castellana, Chamorro y
Oberst, 2008).
Los principales factores de riesgo se encuentran
estrechamente relacionados con la personalidad y los estados emocionales del
adolescente.
Según Echeburúa (2010), destacan aquellos con problemas para
relacionarse (como timidez excesiva) y baja autoestima, tanto sobre su vida
como sobre su imagen corporal. Esto es debido a que las nuevas tecnologías les
permiten crearse un mundo de fantasía donde pueden vencer sus barreras para la
comunicación y manifestarse, no como son, sino como les gustaría ser. En
contraposición, aquellos con facilidad para relacionarse también pueden llegar
a convertirse en adictos por su pretensión de abarcar el mayor número de
“ciberamigos” posible, o con la intención de experimentar fuertes emociones.
Por otro lado, este tipo de enfermedad es común entre los
que poseen otro tipo de problemas como impulsividad, intolerancia a los
estímulos displacenteros o, incluso, psiquiátricos: depresión o fobia social
(Estévez, Bayón, De la Cruz y Fernández-Liria, 2009).
Aparte de su personalidad, representa además un papel
fundamental el entorno familiar y social del joven. Aquellos con falta de
atención o cariño tratarán de rellenar esa carencia a través de las nuevas
tecnologías, obteniendo un hábito de recompensas inmediatas y distanciándose
así de la realidad que les rodea.
Finalmente, existen diferentes hábitos que además de ser
factores de riesgo, son señales de alarma a la conversión en adicción de lo que
en un principio era una afición. Siguiendo las aportaciones de Young (1998),
los principales comportamientos son los siguientes:
• Privarse
de sueño (menos de 5 horas) para utilizar las TIC, y especialmente Internet,
con unos tiempos de conexión extremadamente altos.
• Descuidar
otras acciones cotidianas e importantes, como las relaciones sociales, comer,
la salud o los estudios.
• Pensar en
las nuevas tecnologías constantemente, sufriendo dos situaciones según su uso.
Por un lado, ansiedad, depresión e irritabilidad (abstinencia) ante la
imposibilidad u obstaculización para utilizarlas. Por otro, euforia y alegría
anómalas tras poder hacerlo.
• Intentar
limitar el tiempo de conexión o uso, pero sin conseguirlo, y perder la noción
del tiempo.
• Mentir
sobre el tiempo real que se está empleando en alguna TIC.
• Aislarse
socialmente, cambiar el humor y bajar el rendimiento en los estudios.
En resumen, un sujeto con vulnerabilidad psicológica y con
unas relaciones familiares y sociales deficientes, se encuentra en peligro de
caer en adicción a las nuevas tecnologías. Especialmente, según Echeburúa
(2010), si se encuentra en circunstancias de estrés, como fracaso escolar,
frustraciones afectivas o competitividad; o de vacío existencial, tales como
aislamiento social o falta de objetivos.
CÓMO PREVENIR LA
ADICCIÓN
Ante un posible caso de adicción no hay que alarmarse:
posiblemente se tratará de un exceso y no de una verdadera adicción; sin
embargo, vale la pena incidir sobre lo que el lenguaje coloquial denomina estar
"viciado" o "enganchado". La alarma es más frecuente en los
padres que desconocen o utilizan poco las TIC y que se encaran por primera vez
a un hijo adolescente.
De la misma manera que con las drogas o el sexo, cualquier
intervención en estos temas pasa indiscutiblemente por fomentar hábitos
saludables. Con estos condicionantes en mente, se pueden adelantar una serie de
pautas específicas para actuar sobre el uso desadaptativo de Internet:
• Participar
y compartir: aconsejar a los padres para que enseñen a los adolescentes las
aplicaciones que son más útiles y divertidas. Muchas veces los adolescentes
utilizan Internet para jugar. En este caso, se puede tomar partido en la
elección del juego. Jugar con ellos es una buena manera de participar en una
actividad que les motiva, compartir emociones, aprender juntos y conocernos
mejor.
• Colectivizar:
los problemas pueden derivarse del aislamiento que produce tener la televisión,
la consola, el móvil y el ordenador en la habitación. Ubicarlos en un espacio
común facilita la interacción con los padres y hermanos.
• Agrupar:
el juego y la exploración son inherentes al ser humano y a la adolescencia.
Jugar con los amigos es mucho mejor que jugar solos. Invitar a los amigos a merendar
y moderar sus discusiones es más provechoso que adoptar una postura
fundamentalista.
• Educar
para un uso de Internet como fuente de información y formación: incorporar el
uso de Internet como metodología de estudio del adolescente, de modo que la red
sea un espacio de comunicación vinculado a la reflexión y al conocimiento.
• Interruptores
externos: se trata de utilizar cosas que tenga que hacer el adolescente o
lugares donde deba ir como señales que indiquen que debe desconectar. Son
alarmas naturales que se pueden llevar a cabo con la ayuda de relojes o alarmas
de tiempo.
• Practicar
lo contrario durante el tiempo de uso de Internet: la técnica consiste en
romper la rutina para adaptarse a un nuevo horario.
• Fijar
metas: para evitar las recaídas se puede elaborar un horario realista que
permita al adolescente organizarse el tiempo. Se puede elaborar un esquema de
conexiones breves pero frecuentes. Disponer de un horario tangible puede
permitir tener sensación de control.
El móvil, por sus características, requiere intervenciones
específicas. En los contextos educativos, se debería profundizar y contrastar
para prevenir el posible abuso del móvil, ya que el hecho de que el adolescente
pueda llevarlo permanentemente con él y que su uso dependa de su decisión,
hacen que al adulto le sea difícil hacer de mediador entre móvil y adolescente,
o compartir su uso. A pesar de ello, proponemos una serie de consideraciones
que pueden servir de ayuda:
•Comprar el móvil en el momento adecuado: comprar un móvil
demasiado pronto es provocarlo a usarlo de manera inadecuada, y comprarlo
demasiado tarde puede limitar la socialización del adolescente. Hay que
adecuarse a su grupo de amigos y a su desarrollo madurativo.
•Asumir la responsabilidad de los gastos: pactar
"semanadas", trabajos alternativos, etc. para fomentar la pedagogía
del esfuerzo por parte del adolescente.
•Educar para la autorregulación del placer inmediato: educar
para la tolerancia a la espera, y pactar el modelo del móvil buscando un
equilibrio entre las necesidades y las ilusiones.
•El adolescente debe tener claro dónde no puede utilizar el
móvil: se ha de enseñar la normativa al adolescente, y es el adulto quien debe
poner los límites desde el respeto y el diálogo, pero si es necesario, debe
actuar como elemento de autoridad.
•El uso del móvil difiere en función del género: para las
chicas siempre tendrá más importancia el factor comunicación y establecer redes
sociales, mientras que para los chicos serán más importantes los juegos, la
música, la cámara y las diferentes aplicaciones tecnológicas.
CÓMO TRATAR LA
ADICCIÓN
Una característica presente en los trastornos adictivos es
la negación de la dependencia. La conducta adictiva se mantiene porque el
beneficio obtenido es mayor que el coste sufrido. El sujeto sólo va a estar
realmente motivado para el tratamiento cuando llegue a percatarse, en primer
lugar, de que tiene un problema real; en segundo lugar, de que los
inconvenientes de seguir como hasta ahora son mayores que las ventajas de dar
un cambio a su vida; y, en tercer lugar, de que por sí solo no puede lograr ese
cambio. El terapeuta debe ayudar al sujeto a lograr esa atribución correcta de
la situación actual y a descubrirle las soluciones a su alcance (Echeburúa,
2001; Miller y Rollnick, 1999).
En el ámbito de las adicciones químicas o de la ludopatía la
meta terapéutica utilizada suele ser la abstinencia total. Hay muchas pruebas
acumuladas acerca de la viabilidad de este objetivo y de los beneficios
obtenidos con el mismo (Echeburúa, 2001). Sin embargo, en la adicción a
Internet o las redes sociales la meta de la abstinencia resulta implanteable.
Se trata de conductas descontroladas, pero que resultan necesarias en la vida
cotidiana. El objetivo terapéutico debe centrarse, por tanto, en el
reaprendizaje del control de la conducta.
Y por lo que se refiere al tratamiento, las vías de
intervención postuladas son muy similares en todos los casos. A corto plazo, el
tratamiento inicial de choque se centra, en una primera fase, en el aprendizaje
de respuestas de afrontamiento adecuadas ante las situaciones de riesgo
(control de estímulos); y en una segunda fase, en la exposición programada a
las situaciones de riesgo (exposición a los estímulos y situaciones
relacionados con la conducta adictiva).
El control de estímulos -un primer paso siempre necesario
durante las primeras semanas de tratamiento- se refiere al mantenimiento de una
abstinencia total respecto al objeto de la adicción (redes sociales virtuales o
juegos interactivos). Y un segundo paso, en una fase posterior, consiste en la
exposición gradual y controlada a los estímulos de riesgo. De este modo, un ex
adicto a Internet puede, inicialmente bajo el control de otra persona y después
a solas, conectarse a la red, estar un tiempo limitado (1 hora, por ejemplo) y
llevar a cabo actividades predeterminadas. Sólo cuando se ha llegado a esta
fase decrece la intranquilidad subjetiva y el sujeto adquiere confianza en su
capacidad de autocontrol ante las diversas situaciones cotidianas.
Por último, una vez reasumido el control de la conducta, se
requiere actuar sobre la prevención de recaídas, lo que implica identificar las
situaciones de riesgo, aprender respuestas adecuadas para su afrontamiento y
modificar las distorsiones cognitivas sobre la capacidad de control del sujeto.
Asimismo hay que actuar sobre los problemas específicos de la persona,
planificar el tiempo libre e introducir cambios en el estilo de vida.
USO DE LAS NUEVAS
TECNOLOGÍAS / ADICCIÓN
Las nuevas tecnologías a la vez que poseen un gran potencial
educativo y comunicativo, puede ocasionar numerosos riesgos
Abusar de las nuevas tecnologías como videojuegos, Internet,
chats, teléfonos móviles, etc. crea dependencia. Esto es un hecho actual, este
abuso puede ser considerado como una adicción sin sustancia.
La facilidad para acceder a todos los servicios y contenidos
que nos ofrecen día tras día, supone algunas amenazas como el aumento del
tiempo que pasamos delante de las pantallas utilizando compulsivamente las
nuevas tecnologías.
Esta adicción está presente en todas las personas
independientemente de su edad, aunque el factor más afectado es el adolescente,
ya que presentan un gran potencial atractivo diseñado especialmente para niños
y jóvenes.
Las "adicciones sin droga" están cada vez más
presente en la sociedad, llegando ya a ser tratada en centros de Proyecto
Hombre, dónde acuden personas con problemas de adicción a Internet, al móvil o
con ludopatía. Un claro ejemplo de esto son los videojuegos. Están diseñados
para que los jóvenes los consideren atractivos, y en especial, los jóvenes en
situación de riesgo.
El catedrático Enrique Echeburua afirma que: "Las
adicciones no pueden limitarse a las conductas generadas por sustancias
químicas como los opiáceos, los ansiolíticos, la nicotina o el alcohol".
"Todas aquellas conductas repetitivas que resultan placenteras al menos en
sus primeras fases, y que generan una pérdida de control en el sujeto. Resulta frecuente que este tipo de adicciones
psicológicas se combinen con una o más adicciones químicas".
La adicción a las nuevas tecnologías, al igual que las
drogas, aísla a las personas de la realidad, transportándolas a una realidad
ficticia.
Algunas causas de esta adicción pueden ser:
• Un hijo único que no tiene con quien jugar y
tenga que jugar solo; pasa demasiado tiempo en internet o con videojuegos.
• Familias con miedo por la inseguridad de la
calle que no permiten que sus hijos salgan fuera de casa.
CONCLUSIÓN
De todos es sabido que las nuevas tecnologías han supuesto y
suponen un impresionante avance para la humanidad. Sin embargo, también son el
centro de muchas nuevas problemáticas y frustraciones, especialmente entre los
jóvenes. Nuevas... o no tan nuevas, pues no son sino otra manifestación más
dentro del extenso grupo de quienes sufren de adicciones de cualquier otro tipo
(a veces, hasta se complementan).
Aunque es evidente que la adicción a las nuevas tecnologías
tiene sus propias particularidades, también hay muchos puntos en común con, por
ejemplo, las adicciones químicas (tanto en las causas como en las
consecuencias, e incluso en sus formas de intervención). Entre las causas se
señalan los problemas de relación, la dependencia de la imagen, la falta de
objetivos, la carencia de atención familiar… Entre las consecuencias, el
distanciamiento de la realidad, la disminución y el empobrecimiento de las
relaciones sociales, la ansiedad, la depresión, la irritabilidad, la pérdida de
noción del tiempo, el fracaso escolar o laboral, los desajustes alimentarios o
de sueño, etc.
En cuanto a las formas de intervención, se recomienda, a
diferencia esta vez de con las adicciones químicas, abandonar la idea de la
abstinencia total como medio y objetivo: las nuevas tecnologías forman ya parte
de la vida cotidiana y son de hecho necesarias para la adaptación social; no se
trata de abandonarlas por completo, sino de adecuar su utilización a las
verdaderas necesidades de cada uno. Muchos padres, por ejemplo, optan por la
prohibición irreflexiva, cuando lo verdaderamente beneficioso sería guiar a sus
hijos hacia un uso positivo (eligiendo aplicaciones, colectivizando los
espacios, fomentado el uso educativo de las nuevas tecnologías, etc.). En
cualquier caso, hay que ofrecer alternativas a quien sufre de ésta y de
cualquier otra adicción para que sepa destinar el tiempo hacia otras
actividades diferentes, de modo que pueda gestionar la ansiedad que a priori
les supondrá, y nunca mejor dicho,l “desconectar” de sus hábitos.
Bibliografía
Carbonell, X . Castellana, M., Oberst, U., Beranuy, M. &
Graner, C.(2010). Sobre la adicción a Internet y al teléfono móvil. Educación
Social y Tecnologías de la Información y la Comunicación.Licenciadas en Psicología.
Universitat Ramon Llull. Facultat de Psicologia, Ciències de l’Educació i de
l’Esport Blanquerna.
Bononato, L. . "Adicciones y nuevas tecnologías".
Revista de la Asociación proyecto Hombre, Nº, págs. 17-22. ISSN 1136-3177.
Echeburúa, E. y Corral, P. 2010. “Adicción a las nuevas
tecnologías y a las redes sociales en jóvenes: un nuevo reto”. Adicciones, vol.
22, Nº2, págs. 91-96.
Estévez, L., Bayón, C., De la Cruz, J. y Fernández-Liria, A.
2009. Uso y abuso de Internet en adolescentes. Madrid: Pirámide.
Sánchez-Carbonell, X; Beranuy, M; Castellana, M; Chamarro,
A. y Oberst, U. 2008. “La adicción a Internet y al móvil: ¿moda o trastorno?”.
Adicciones, Nº20, págs. 149-160.
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